Como cada año desde 1531, México celebra a la madre del hijo de Dios y qué mejor que conocer los secretos ocultos tras la imagen de la Virgen de Guadalupe
09 de Diciembre 2019 • 20:25 hs

Hoy 12 de diciembre los mexicanos y el mundo católico, celebramos con gran fervor la aparición de “nuestra morenita” al indio Juan Diego; en 1531 en el cerro del Tepeyac la madre de Dios se le presentó al “más pequeño de sus hijos” para darle un mensaje que debÃa entregar con unas rosas, que es importante resaltar “no estaban en temporada por el frÃo del invierno”.
Estudios oftalmológicos realizados a los ojos de MarÃa han detectado que al acercarles luz, la pupila se contrae, y al retirar la luz, se vuelve a dilatar, tal cual como ocurre en un ojo vivo.
También se descubre que los ojos poseen los tres efectos de refracción de la imagen que un ojo humano normalmente posee. Lograr estos efectos a pincel es absolutamente imposible, aún en la actualidad.
¡Los ojos de MarÃa están vivos en la tilma!.
Estos rayos confieren a la imagen un aura.
La explosión destruyó todo alrededor, menos la tilma, que permaneció en perfecto estado de conservación.
El labio inferior quedó impreso sobre un nudo del ayate, lo que brinda una gracia adicional.
El moño negro anuncia su maternidad. Las indÃgenas embarazadas se ceñÃan con una banda arriba de la cintura y dejaban libre el vientre.
Es de color rojo y representa la tierra. Las diversas figuras que bañan la túnica, en la que se encuentran nueve arreglos florales, podrÃan representar los nueve pueblos peregrinos llegados de Aztlán, según un códice de 1576.

Para algunos indÃgenas, las nubes estaban asociadas con la altura, la elevación del espÃritu, que indicaban lo divino. También anunciaban la llegada de una nueva era.
Mientras tanto, a casi quinientos años del milagro, la imagen de MarÃa sigue tan firme como el primer dÃa. Se han hecho estudios cientÃficos a este hecho, sin poder descubrirse el origen de la incorruptibilidad de la tela.
No se ha descubierto ningún rastro de pintura en la tela. De hecho, al acercarse uno a menos de 10 centÃmetros de la imagen, sólo se ve la tela de maguey en crudo.
Los colores desaparecen. Estudios cientÃficos de diverso tipo no logran descubrir el origen de la coloración que forma la imagen, ni la forma en que la misma fue pintada. No se detectan rastros de pinceladas ni de otra técnica de pintura conocida.
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